Historia
agosto 12, 2026
Los guantes de descargas eléctricas de ICE se venden como desescalación pero se temen como fuerza encubierta
ICE podría gastar hasta 20 millones de dólares en guantes que administran dolorosas descargas eléctricas, mientras que sus defensores los presentan como una herramienta controlada de desescalación y sus críticos advierten que podrían ampliar el uso de la fuerza de la agencia, en gran medida sin supervisión.
ICE se está preparando para equipar a los agentes de inmigración con guantes que pueden administrar dolorosas descargas eléctricas, lo que plantea una pregunta contundente: ¿son estos dispositivos una alternativa mesurada a una fuerza más dura o una escalada casi invisible de la misma?
El aviso del Departamento de Seguridad Nacional describe una compra planificada de miles de dispositivos G.L.O.V.E.—Generated Low Output Voltage Emitters—por hasta 20 millones de dólares para marzo. Fabricados por Compliant Technologies, de Kentucky, los guantes parecen ordinarios hasta que un agente activa su modo eléctrico y los aplica directamente sobre la piel de una persona. La empresa afirma que la estimulación generalmente hace que las personas obedezcan en menos de tres segundos y no deja “quemaduras, marcas ni cicatrices”.1
Ese encuadre es central para la interpretación más comprensiva. El fabricante califica el producto como una “solución humana, de bajo perfil visual, de desescalación”, mientras que John Peters, del Institute for the Prevention of In-Custody Deaths, compara la sensación con una “picadura de abeja” y sostiene que podría ayudar a los agentes a sacar de vehículos o edificios a personas que se resisten.1 Otro relato destaca que los dispositivos no están destinados a transmitir electricidad a través de la ropa, el cabello o el metal, que requieren capacitación y recertificación de los agentes y que se comercializan como “no un arma”.3
La postura opuesta se centra menos en los límites técnicos del dispositivo que en quién lo usará y bajo qué tipo de escrutinio. La American Civil Liberties Union sostiene que ICE ya ha demostrado estar dispuesto a usar la fuerza con supervisión insuficiente. “Ahora podrán aplicar descargas eléctricas con un ligero toque de botón que tal vez nadie más pueda ver que están usando”, dijo Jenn Rolnick Borchetta, calificando los guantes como “una receta para causar daño al público”.1
Ambos relatos reconocen que la compra prevista por parte de ICE se produce tras el escrutinio por tiroteos en controles de vehículos en Texas y Maine. La diferencia es interpretativa: uno considera los guantes como una intervención entrenada y de baja visibilidad dentro de las tácticas existentes; el otro ve esa misma invisibilidad como un peligro, especialmente en medio de una ofensiva agresiva contra la inmigración y de cuestiones de rendición de cuentas aún no resueltas.3