Historia
agosto 13, 2026

La respuesta de Colombia al terremoto recibe elogios, pero los desaparecidos pueden exponer sus límites

El nuevo gobierno de Colombia se ha movido con mayor rapidez y ha comunicado con más transparencia que Venezuela tras sus recientes desastres, pero las cifras contradictorias de víctimas y los miles de desaparecidos aún amenazan con desbordar ese éxito inicial.

El esfuerzo de rescate tras el terremoto en Colombia se ha convertido en una prueba de si un gobierno recién instalado puede transformar una rápida movilización en una ayuda creíble. Mientras los equipos excavan entre los edificios derrumbados, el número de muertos sigue siendo objeto de disputa y la magnitud de los desaparecidos amenaza con superar el control oficial de la crisis.

La respuesta inmediata ha sido visiblemente activa. Rescatistas en Cali sacaron a un hombre de entre los escombros casi 24 horas después del sismo de magnitud 7,4, mientras los bomberos dijeron: “Hemos encontrado vida bajo los escombros… Cada minuto cuenta.” Civiles también ayudaron a rescatar sobrevivientes, incluida una mujer liberada tras una operación de 16 horas. Pero la misma ciudad informó de cuerpos tendidos bajo sábanas en las calles, lo que subraya la brecha entre los logros individuales y un sistema que enfrenta una destrucción masiva.

Las cifras oficiales han cambiado drásticamente —de 74 muertos iniciales a 111, 164 y luego al menos 179—, mientras que un relato informó de al menos 240 muertos y 3.000 desaparecidos. El presidente Abelardo de la Espriella ha declarado el estado de emergencia, enviado ministros a las regiones afectadas y desplegado tropas en medio de preocupaciones por saqueos. El alcalde de Cali dijo que los equipos de respuesta habían rescatado a 37 personas de 40 edificios completamente colapsados; Pereira informó de decenas de personas atrapadas y de hospitales que luchan por atender a los heridos.

Esa visibilidad contrasta fuertemente con la respuesta de Venezuela a los dos terremotos de junio. El analista Christopher Sabatini describió el esfuerzo de Colombia como “una respuesta rápida, contundente, pública e inmediata”, mientras que dijo que los funcionarios venezolanos “simplemente guardaron silencio”. Orlando Pérez también reconoció el liderazgo de Colombia y el despliegue militar más rápido, pero advirtió que “las cosas podrían empeorar muy rápido” si la reconstrucción y la asistencia no siguen al impulso inicial de actividad.

La comparación también es política. El presidente de extrema derecha de Colombia está siendo evaluado a la luz de temores de deriva autoritaria, pero sus instituciones democráticas y su sociedad civil han permitido hasta ahora una operación más transparente. Washington ha expresado su apoyo, diciendo que está “siguiendo de cerca” el desastre y está listo para ayudar. La prueba decisiva ahora es si el impulso de la fase de rescate sobrevive al trabajo más lento y difícil de contar a los muertos, encontrar a los desaparecidos y reconstruir los hogares.

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