Historia
agosto 14, 2026

Texas provoca una batalla sobre quién puede decidir el destino de un bebé con discapacidad

Un tribunal de Texas ha ordenado un tratamiento para salvar la vida de un recién nacido con un grave defecto cardíaco, convirtiendo una disputa de gestación subrogada sobre el aborto, la discapacidad y la autoridad parental en una batalla legal y política más amplia.

Un tribunal de Texas ha transformado una disputa privada de gestación subrogada en una prueba sobre quién controla las decisiones médicas de un recién nacido en estado crítico —y sobre si el estado puede pasar por encima de los deseos de los padres previstos del niño.

El bebé, Gabriel, nació en Texas con síndrome de corazón izquierdo hipoplásico, una enfermedad poco frecuente que requiere múltiples cirugías. Según la versión de corte progresista, los padres previstos, los residentes de California Nausheen Gilkar y Omar Ahmed, pidieron a la gestante McKenna West que interrumpiera el embarazo tras el diagnóstico. West se negó, viajó a Texas y buscó atención cerca de especialistas. Un tribunal de Alaska había dictaminado previamente que ella podía tomar sus propias decisiones médicas. West dijo que era “aterrador pensar que algo podría estar mal y que quizá yo sea la que no pueda tomar una decisión sobre el tratamiento”.

La orden del tribunal exige cuidados para salvar la vida y otorga a los padres previstos —no a West— la responsabilidad de las decisiones médicas dentro de los límites de la orden. También prohíbe a West contactar con el niño después del nacimiento, al tiempo que le permite seguir solicitando la custodia. Los padres previstos no han hecho comentarios públicos y su abogado no respondió a una solicitud de comentarios. La agencia de gestación subrogada dijo que la disputa debería haberse llevado a mediación, dando prioridad a los intereses del niño por encima de los “abogados y litigios”.

La versión conservadora presenta el caso principalmente como una victoria en materia de derechos de las personas con discapacidad y provida. El fiscal general de Texas, Ken Paxton, y la oficina de derechos civiles del Departamento de Salud y Servicios Humanos de la administración Trump advirtieron que los hospitales no pueden negar tratamiento por motivo de discapacidad. HHS instó a que un comité de atención infantil revisara el caso si los médicos consideraban suspender el tratamiento, y que la atención continuara durante ese proceso. Paxton dijo: “El bebé Gabriel merece una oportunidad de vivir, y no permitiré que nadie le niegue ilegalmente la atención médica necesaria”.

Ambas versiones coinciden en que el tribunal ha ordenado el tratamiento. Su énfasis difiere: una pone en primer plano el conflicto no resuelto sobre la custodia y el consentimiento; la otra presenta la intervención como una protección frente al abandono médico basado en la discapacidad. La cirugía puede resolver la cuestión inmediata de la atención, pero no quién habla en última instancia por Gabriel —ni qué obligaciones imponen los contratos de gestación subrogada después del nacimiento.