Historia
agosto 14, 2026
El asedio de colonos expone el fracaso de Israel para proteger a los palestinos y a sus propios críticos estadounidenses
Un asedio de viviendas palestinas en Qusra ha generado condenas desde Washington y de críticos israelíes, mientras que la intervención del ejército parece haber desplazado a residentes y no logró retirar a los colonos.
El asedio de viviendas palestinas en Qusra se ha convertido en una dura prueba de la capacidad —y la voluntad— de Israel para contener a colonos acusados de aterrorizar a civiles. En lugar de poner fin al enfrentamiento, la intervención de las fuerzas israelíes parece haber profundizado la perturbación para las familias atrapadas dentro.
Según informes sobre el terreno, los colonos rodearon tres casas, cortaron el agua y la electricidad y bloquearon una ambulancia que intentaba llegar hasta un niño enfermo. Posteriormente, las tropas israelíes ordenaron a las familias palestinas abandonar algunas viviendas durante una operación militar, mientras tomaban el control de otros edificios. Un residente, Qusai Ridi, dijo que los soldados “nos trasladaron a todos a una sola casa” después de que las familias se negaran a evacuar.1
El ejército israelí afirmó que los residentes debían permanecer en sus casas y que los soldados no operarían en su interior. Esa postura contrasta de forma marcada con los relatos de propiedades dañadas, equipos desaparecidos y continuas patrullas de colonos. La disputa central, por tanto, no es si las fuerzas de seguridad llegaron, sino si sus acciones protegieron a los residentes o, en la práctica, recompensaron a quienes los habían sitiado.
El embajador estadounidense Mike Huckabee, cuya postura general suele ser de apoyo al proyecto de asentamientos de Israel, describió no obstante la conducta de los colonos en términos inusualmente tajantes. La Embajada de Estados Unidos, dijo, había estado “MUY involucrada” y había solicitado que las fuerzas israelíes retiraran “a los terroristas israelíes que están haciendo esto”.2 Calificó el asedio de “criminal” y “un acto de terror horrible”.2
Esa condena coincide con la de críticos israelíes que afirman que el problema es la parálisis institucional, no la falta de tropas. El ex primer ministro Ehud Olmert calificó el incidente como un intento de “limpieza étnica”, mientras que el comentarista Avi Ashkenazi acusó a los organismos de seguridad de negociar con “un grupo de matones” en lugar de detenerlos.1
Los relatos contrapuestos ponen de relieve el mismo fracaso desde ángulos diferentes: los funcionarios prometen protección y orden, pero los residentes describen desplazamiento, intimidación e impunidad. Para las familias de Qusra, la distinción entre la violencia de los colonos y la intervención del Estado se ha vuelto difícil de ver.