Historia
agosto 16, 2026
La reforma de la sucesión en Liechtenstein pone a prueba los límites de una monarquía conservadora
Liechtenstein está poniendo fin a la sucesión exclusivamente masculina a favor de la herencia por primogenitura independientemente del sexo, una medida simbólica de igualdad en un país donde la monarquía aún ejerce un poder político inusualmente amplio.
Liechtenstein está cambiando quién puede heredar su trono, pero no cuánta autoridad conserva el trono. El giro de este principado alpino hacia una sucesión neutral en cuanto al género marca una ruptura significativa con la tradición en un país cuya monarquía sigue siendo poderosa y socialmente conservadora.
El príncipe heredero Alois anunció que la casa real había aprobado el cambio por la mayoría de dos tercios requerida. Según la nueva norma, “el primer hijo o hija, independientemente de su sexo, se convertirá en heredero o heredera del trono y más tarde en princesa o príncipe de Liechtenstein”.1 Las descendientes femeninas también recibirán los mismos derechos de participación que los miembros varones en las cuestiones reguladas por la Ley de la Casa.1
La interpretación liberal presenta la decisión como una corrección institucional clara: Liechtenstein pasa de la primogenitura masculina a la primogenitura absoluta, alineando la sucesión real con el trato igualitario. Sin embargo, el efecto político inmediato es limitado. Hans-Adam II sigue siendo jefe de Estado, mientras que Alois —su hijo mayor— continúa ejerciendo la mayor parte de los poderes del monarca. El orden sucesorio actual se mantiene por tanto en gran medida inalterado, con el hijo mayor de Alois, el príncipe Joseph Wenzel, aún como primero en la línea de sucesión.
El enfoque conservador es más contenido y describe la medida principalmente como un cambio de norma que permite a las mujeres heredar el trono alpino, más que como una transformación del propio Estado.2 Esa distinción importa. Liechtenstein sólo concedió a las mujeres el derecho de voto a nivel nacional en 1984, y su príncipe reinante puede vetar los resultados de referendos, nombrar jueces y destituir gobiernos.1
La reforma combina así progreso y continuidad: elimina una barrera de género a nivel dinástico, pero deja intacta la influencia constitucional excepcional de la monarquía. La elección el año pasado de Brigitte Haas como la primera mujer primera ministra del país mostró que el cambio político avanza —aunque de forma desigual— a través de las instituciones tradicionalmente conservadoras del principado.