Historia
agosto 18, 2026

Los recortes de maniobras en Corea de Trump convierten el acercamiento diplomático en una apuesta de disuasión

Trump afirma que reducir los ejercicios conjuntos entre EE. UU. y Corea del Sur bajará los costos y creará espacio para la diplomacia con Kim Jong-un. Sus críticos advierten que la medida corre el riesgo de debilitar la disuasión mientras Corea del Norte gana experiencia de combate y nuevas capacidades militares gracias a la guerra de Rusia en Ucrania.

La decisión de Donald Trump de reducir los ejercicios militares conjuntos con Corea del Sur ha reabierto un viejo debate en Washington y Seúl: si la moderación militar puede abrir la puerta a la diplomacia con Pyongyang o si, por el contrario, solo invita a un mayor riesgo.

Trump sostiene que los ejercicios son costosos y innecesariamente hostiles, citando su “relación muy buena con Kim Jong-un” y afirmando que Corea del Norte ha sido “no amenazante y respetuosa” durante su presidencia. También vinculó el anuncio con la negativa de Corea del Sur a unirse al esfuerzo de EE. UU. para desnuclearizar Irán, aunque señaló que los asuntos eran “algo no relacionados”.

El argumento de la administración recuerda a la diplomacia del primer mandato de Trump, cuando se suspendieron o rebautizaron grandes maniobras tras su cumbre de 2018 con Kim. La orden actual, sin embargo, no llega a la cancelación total: se indicó al Pentágono que “redujera sustancialmente” los ejercicios que estaban programados para incluir aproximadamente a 18.000 soldados surcoreanos junto a personal estadounidense y de aliados.

Los críticos ven un contraste más marcado entre las señales diplomáticas y la realidad en el campo de batalla. Los comandantes de EE. UU. y Corea del Sur afirman que el entrenamiento de este año se rediseñó para abordar la guerra con drones, la interrupción del GPS, los ciberataques y las tácticas de misiles aprendidas por las tropas norcoreanas que combaten junto a Rusia en Ucrania. El teniente general Scott Winter dijo que las maniobras reflejan la “experiencia contemporánea de combate” de Corea del Norte, mientras que otro comandante estadounidense calificó el ejercicio de “más grande y mejor que nunca”.

Seúl ha señalado que los ejercicios seguirán según lo previsto, subrayando la resistencia institucional de la alianza a cambios unilaterales. Los analistas están divididos: algunos sostienen que Corea del Sur debería asumir una mayor responsabilidad en su propia defensa, lo que potencialmente incluiría una disuasión nuclear independiente; otros dicen que reducir la escala de las maniobras ralentizaría esa transición y debilitaría la disuasión, al tiempo que ofrecería a Pyongyang pocos incentivos para negociar.

Corea del Norte, por su parte, ha calificado el ejercicio como “un ensayo para una guerra agresiva” y ha amenazado con una respuesta más contundente. Esa conocida denuncia otorga a la postura de Trump una justificación diplomática, pero también pone de relieve su apuesta central: las concesiones pueden reducir la fricción inmediata sin cambiar la estrategia de fondo de Pyongyang.

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