Historia
agosto 18, 2026
Una encuesta falsa expuso lo fácil que es manipular la contienda por la alcaldía de Los Ángeles
Una encuesta fabricada dio brevemente a Karen Bass una ventaja de dos dígitos sobre Nithya Raman antes de que sus creadores admitieran que se trataba de un experimento social. El episodio expuso vulnerabilidades en los medios políticos y provocó pedidos de enjuiciamiento.
Una encuesta fabricada reconfiguró brevemente la narrativa en torno a la segunda vuelta por la alcaldía de Los Ángeles, ofreciendo una prueba contundente de la rapidez con que pueden difundirse las afirmaciones políticas antes de que alguien las verifique.
La encuesta, publicada por Median Strategies, afirmaba que Karen Bass aventajaba a Nithya Raman 50% a 39% y que estaba captando buena parte del antiguo apoyo de Spencer Pratt. Presentaba los elementos habituales de una encuesta legítima: 560 encuestados, fechas de campo y un margen de error de 4,1%. La empresa reconoció posteriormente que la encuesta era totalmente inventada.
El encuadre liberal sitúa el episodio como parte de un problema de sondeos más amplio. Señala recientes contiendas primarias en Michigan y Wisconsin en las que, supuestamente, las encuestas no dieron en el blanco, y sostiene que los sondeos pueden convertirse en un instrumento partidista más que en una medición neutral. El relato también destaca la admisión de Median Strategies de que quería poner a prueba cómo “la información de encuestas supuestamente verosímiles podría entrar y difundirse en el ecosistema de información política sin verificación independiente”.1
El relato conservador se centra más directamente en el papel de Bass. La alcaldesa compartió la encuesta en X con el mensaje: “Haciendo el trabajo, estando presente y ganando impulso. ¡Hagámoslo, LA!” antes de borrar la publicación una vez que se reveló la falsedad.2 Su portavoz dijo que la encuesta había sido difundida por múltiples medios, pero también pidió que se investigara y procesara a los responsables.
Ambas perspectivas coinciden en el fracaso central: la encuesta parecía lo bastante creíble como para circular entre campañas, periodistas y operadores políticos. Difieren en el énfasis. Una ve un síntoma de un ecosistema de sondeos más amplio y cada vez más partidista; la otra ve un cuento con moraleja sobre la amplificación por parte de los candidatos y la verificación básica. El veterano asesor Rick Taylor recogió la preocupación más amplia al afirmar que no había “ninguna razón para que nadie la hubiera puesto en duda”.2 La contienda sigue siendo competitiva, pero el episodio ha vuelto menos confiable la información que la rodea.