Historia
agosto 18, 2026

Aumenta el saldo mortal del sismo en Indonesia mientras la ayuda lucha por llegar a los sobrevivientes aislados

Dos informes describen un desastre que empeora rápidamente en Flores: el número de muertos subió de 53 a 68, mientras que los deslizamientos de tierra y las carreteras dañadas dejaron a miles de personas esperando alimentos, agua y atención médica.

Un poderoso terremoto frente a la isla Flores de Indonesia ha dejado al descubierto la brecha entre la magnitud del desastre y la rapidez de la respuesta, con un número creciente de víctimas, carreteras bloqueadas y miles de residentes desplazados que aún esperan suministros básicos.

Los primeros reportes situaban el número de muertos en 53 y el de heridos por encima de 130, mientras describían aproximadamente 5.000 evacuaciones y una grave interrupción en Sikka, una de las zonas más afectadas. Un relato posterior elevó el saldo a al menos 68, contabilizó 213 heridos e informó de daños en más de 1.300 viviendas, incluidas casi 250 que fueron destruidas en Flores.

Las dos perspectivas coinciden en los hechos centrales: el sismo de magnitud 7,7 provocó deslizamientos de tierra, bloqueó carreteras y obligó a los residentes a refugiarse en albergues improvisados. Pero el informe más reciente pone mayor énfasis en las consecuencias humanitarias de un aislamiento prolongado. Miles de personas seguían sin acceso confiable a alimentos, agua potable y medicinas, mientras que las réplicas y los edificios inseguros obligaban a muchos a dormir al aire libre.

La respuesta del gobierno se ha ampliado, con casi 1.500 efectivos militares y policiales desplegados y aeronaves que transportan cientos de toneladas de ayuda. También se instalaron hospitales de campaña de emergencia después de que se dañaran los centros médicos locales. Sin embargo, el acceso sigue siendo el obstáculo determinante. Trabajadores humanitarios describieron llegar a la isla Palue como un “viaje casi mortal” porque los deslizamientos de tierra habían cortado carreteras empinadas.

El costo humano se refleja en el testimonio de Rasyid Jafar, cuya vivienda fue destruida: “Necesitamos alimentos, medicinas y agua potable con urgencia.” El desastre también revive los recuerdos del terremoto y tsunami de 1992 en Flores, que causó la muerte de unas 2.500 personas. El reto inmediato ya no es simplemente el rescate, sino sostener a las comunidades aisladas mientras Indonesia se enfrenta a un desastre que se desarrolla en un terreno difícil.

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